martes, 7 de abril de 2020

Lo peor está por venir:




Llegó el momento de la Cadena Nacional, el Presidente del país dará de nuevo información relacionada con el Covid-19, han pasado 24 días de distanciamiento social y de alguna manera todos extrañamos la "normalidad" de nuestra vida. El número de infectados por el virus poco a poco ha ido creciendo y el mensaje del Presidente es alarmante: "Quédense en casa, lo peor está por venir". 

¿Qué viene a tu cabeza y corazón cuando escuchas o lees esas palabras? ¿miedo e incertidumbre? Espera a leer lo siguiente, el periódico más importante de Guatemala, hoy viene con pocas hojas, muestra de los pocos anuncios (pocas ventas) y en su portada dice que el 91% de las empresas creen no poder pagar salarios o deudas con esta crisis, en letras más pequeñas anuncia que la población entra en pánico. No son noticias alentadoras, escuchar que lo peor está por venir no motiva a nadie y pone a temblar a la mayoría.

¿Qué pasará con nosotros? esa misma pregunta se hacía Israel, cada vez la fuerza de la impunidad Romana oprimía más, ahogaba a un pueblo que quizás estaba perdiendo la esperanza, había una promesa de redentor misma que muchos declamaban con desesperanza porque el tiempo pasaba y el Mesías prometido había olvidado llegar a la cita redentora, nunca llegó a patear el trasero del imperio que les aplastaba. Sin duda el pueblo vivía con temor, con incertidumbre porque parecía que Dios había olvidado su promesa.


Jesús vino y su llegada partió la historia, hay un antes y un después; hizo tambalear al imperio opresor porque las multitudes le escuchaban y muchos de ellos se encargaron de anunciar que el Rey libertador había venido, aunque en ningún momento el Maestro se rebeló en armas y no liberó como Israel esperaba; movió los cimientos de la religión de tal manera que los propios líderes promovieron su asesinato; Jesús no trajo guerra, trajo una paz sin igual a todo aquel que le confiesa como Señor, Jesús dio su vida para vencer a la muerte y con ello trajo vida, su muerte y victoria sobre la misma nos da esperanza de vida eterna con él, siendo santo se convirtió en pecado haciendo suyo el pecado de la humanidad para brindarnos un puente, un camino de vida, nos permitió conocer a Dios. Muchos en Israel ni se dieron cuenta de lo que aconteció, porque ellos tenían la mirada puesta en que el Salvador llegara y les ayudara para que los Romanos no acabaran con sus empresas, para que no les quitaran lo material y el sustento de sus familias, imagino a muchos ver a su esperanza crucificada y la revolución nunca llegó: "Lo peor está por venir, Jesús solo alborotó a todos y no trajo la libertad que esperábamos" murmuraban.

Nosotros no tenemos porque vivir de la misma manera, nuestra mirada no está en lo terrenal, no está en el Gobierno, no dependemos de sobrevivir a un virus, porque nuestra vida gracias a Jesús no se limita lo que suframos en la tierra «Si vivimos, para el Señor vivimos; y, si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Para esto mismo murió Cristo y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven» Romanos 14:8-9. Nuestro Cristo Redentor no está crucificado, nuestra esperanza no está muerta, si es la voluntad del Señor que sigamos con vida así será y sino preparemos nuestro corazón, porque nuestra pérdida será nuestra ganancia ¡Aleluya!

«Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor» 1 Juan 4:16-18.

En medio de esta crisis, cuando todos digan que "lo Peor está por venir" veamos que Jesús no sigue clavado en la cruz, su victoria es nuestra victoria y anunciemos que ¡LO MEJOR YA VINO!se llama Jesús y transforma el corazón y la esperanza del hombre. No hay nada que pueda derrotar y aplastar nuestra fe en el que ya venció al mundo.

1 comentario:

  1. Julio, hoy todo mundo vive en la incertidumbre de lo que sucede en el día a día por el COVID-19. Las noticias son muy lamentables y parece que nunca habrá un fin. Pero es momento de mantenernos ecuánimes, orar sin cesar, y que nuestra esperanza esté siempre en JEsús.

    ¡Lo mejor ya vino! :)

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