miércoles, 18 de marzo de 2020

La medicina equivocada:


Se levantó de mañana directo al baño, las náuseas eran intensas y el dolor que sentía en su estómago era incomparable, todos en casa se preocuparon de su condición, "pero si anoche estaba bien" comentaban. El color natural de su piel había desaparecido, las ojeras de sus ojos hacían pensar lo peor, luego de unos minutos le pidió a su pareja: "¿puedes traerme el medicamento que dejé en la mesa?" su esposo se encaminó y al tomar las pastillas en su mano, leyó y se dio cuenta que su esposa por error estaba tomando el medicamento equivocado, eso la estaba intoxicando.

Así vive el mundo de hoy, buscando y tomando medicamentos que dan placer momentáneo, que alivian la ansiedad, que quitan el dolor, que hacen olvidar el pasado pero solo por un momento, no sanan la enfermedad, no hacen secar la herida, solo es una distracción que no es duradera, pronto volverá el dolor, la ansiedad, la tristeza, la soledad y el vacío del corazón.

El sexo fuera del matrimonio, tener "mente abierta", ir detrás de todo aquello que no agrada a Dios es como aquella pastilla que aparenta aliviar, pero solo hace más grande la enfermedad, porque el agujero del corazón del hombre es muy grande y como dicen los poetas del rap "Las penas del corazón no se curan con pastillas, sólo el amor de Jesucristo las alivia", deja de esperar que la intoxicación te traiga sanidad, eso no pasará, deja de automedicarle soluciones rápidas a tu alma y corazón, en ningún otro lugar encontrarás la salida, solamente en Jesús.

En Jesús encontrarás esperanza para tu angustiado corazón, recibirás Gracia y perdón, inmerecido pero dado a todos como un regalo que nunca podríamos comprar por nuestros medios y esfuerzos, comienza hoy esa desintoxicación, no te des la cura que crees merecer, date la cura que verdaderamente salva y que nunca podrías preparar pero que Jesús en la cruz pagó para Salvación y eternidad.

«Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes» 
1 Pedro 5:7.

»Dios amó tanto al mundo, que dio a su único Hijo, para que todo el que cree en él no se pierda, sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en el Hijo único de Dios no será condenado, pero quien no cree en él ya está condenado. En esto consiste la condenación: en que la luz vino al mundo y la gente prefirió las tinieblas a la luz, pues las cosas que hacía eran malas. Todo el que hace lo malo odia la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus malas acciones se descubran. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea que obedece a Dios en lo que hace» Juan 3:16-21.

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