martes, 12 de marzo de 2019

El abrazo de Papá:


Conocí al Señor a los 14 años, hasta ese momento mi vida estaba vacía, confieso que no tenía motivos para vivir y en algún momento pensé en acabar lo que parecía inconcluso... me sentía un accidente. Entonces pasó y lo recuerdo como si fuera ayer, eran los primeros días de agosto de 1998, Él llegó y sacudió el polvo en la dureza de mi corazón.


Llegó a mí, aún al recordarlo mi piel se pone de gallina, porque yo tenía nada que ofrecer, en mi corazón sólo había odio, tristeza, desesperanza, sueños que estaba convencido nunca vería realizarse, y efectivamente, nada de lo que tuviera me hacía merecedor de que mi nombre estuviera en Su boca, no lo escuché audiblemente pero pude sentir el abrazo del Papá que tanto extrañé y me convencí que no quería moverme de allí nunca más.

Don nadie siendo llamado por el
Rey de todo, el Creador de todo.

Algunos dicen que Él no existe, entonces tampoco yo existo, y tendría que decir que Un amor sanador que no existe me transformó. Quizás somos muy malos para representarlo, pero Su amor es real, incomparable, como ninguno en la tierra. 


No lo encontré, Él me encontró, perdido, destruido, me tomó de la mano, creyó en mí. No soy perfecto y eso es lo que me hace permanecer, mi necesidad de Él. Saber que sin Su Presencia estoy perdido, que nada material pueda darme lo que Él me da, que ninguna relación llena como Él llena, la religión no ama con Dios ama.

No se trata de fama, ni de tener mucho y creer que lo que Dios busca es darnos más para llenar así vacíos de nuestro corazón, lo que Él anhela es que veamos en Él, TODO lo que nuestra finita vida necesita, el Dios infinito siendo suficiente, siendo todo, que nuestro corazón lata más fuerte por Él, que por cualquier placer pasajero.

Dejemos de mirar al lado, el dinero, lo promiscuo, la fama, el éxito, darle rienda suelta a todos mis deseos, las relaciones, volverme un religioso, nada y nadie abraza como lo hace Papá.

Artículo de: Julio López Carranza. Derechos Reservados 

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