martes, 23 de enero de 2018

¡El mejor jugador!


Hace algunos meses junto a un grupo de amigos decidimos ir a jugar fútbol, nunca habíamos jugado juntos y teníamos altas expectativas de “Guillermo” uno de los compañeros.


Nunca antes le vi jugar, pero sus zapatos de marca, su ropa deportiva, sus anécdotas de campeonatos, triunfos y jugadas, nos decían que era un crack (un jugador con clase mundial), llegamos al lugar del partido, nos preparamos y saltamos al campo. Casualmente Guillermo quedó en mi equipo y pensé: “Con Guillermo en el equipo, creo que aseguramos la victoria”, la pelota se colocó en el centro del campo y el primer toque de balón fue directo a los pies de Guillermo, de primera lanzó una poderosa patada ¡al aire! No golpeó el balón y la fuerza de su torpe patada lo llevó a caer sobre el terreno de juego, lo que sirvió de chiste para los que nos encontrábamos allí.

No hubo sorpresa, el resto del partido Guillermo demostró que su apariencia de buen jugador, era solamente eso, apariencia.



Muchas veces nosotros aparentamos ser ¡Cracks! muy buenos cristianos, perfectos e impecables, llenos de talentos, santos, con muchos privilegios, agenda llena, con la mejor Biblia, los mejores mensajes en nuestras redes sociales, somos parte de los mejores congresos, conciertos, seminarios y no es que eso esté mal, pero recuerda, no todo en la vida es apariencia, mejor dicho, en esta vida para nada sirve la apariencia.

¿Estás listo para los juegos cruciales en tu vida? ¿Para los partidos de vida o muerte? ¿Para tomar las decisiones que marcarán tu existencia? La apariencia NO nos prepara para lo crucial. Cuando José se encontró frente a la esposa de Potifar que lo seducía, sus sueños y proyectos no fueron quienes lo mantuvieron casto, no fue la posición en el reino, no fue su experiencia. José estaba listo para lo crucial y respondió “¿Cómo podría yo hacer algo tan malo, y pecar contra Dios?” Génesis 39:9. Dios estaba con José y eso no sucede por casualidad, sin lugar a dudas José hacía algo para ganar el favor de Dios “Pero el Señor estaba con José, y le fue muy bien mientras vivía en la casa de su amo egipcio” Génesis 39:2.

Seguramente te preguntarás ¿Qué hacía José para ser fuerte ante la tentación y digno de la bendición de Dios? Esto me lleva a hacerte una pregunta ¿Cómo está tu relación personal con Dios? ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con Él a solas y no hablo de una oración por los alimentos o una oración en uno de los servicios de tu iglesia o célula?



Tener una mejor relación personal con Jesús nos prepara para los momentos difíciles y nos provee la fortaleza y herramientas para esos “juegos cruciales” en nuestra vida. A Dios no lo podemos comprar, no lo podemos sorprender o chantajear, solo conozco una forma de lograr que la bendición de Dios llegue a nosotros y es buscándolo, hacerlo el centro de nuestra vida y eso no se puede hacer sino mejoramos nuestra búsqueda de Su presencia.

La apariencia nos mantendrá a flote hasta el momento de las decisiones difíciles, pero si Dios nos acompaña se encargará de darnos la victoria aún sobre lo “imposible”. Volvamos hoy a Dios, Él nos anhela y nosotros lo necesitamos.

Artículo publicado el 17/02/2015 por Julio López Carranza

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