martes, 1 de agosto de 2017

Dios no quiere que le obedezcas... ¡quiere que lo ames!



"Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento"  
Marcos 12:30. 

Seguramente para muchos lo que ahora escribo parecerá una aberración, pero no es así, es sencillo, la obediencia nos trae bendiciones, no podemos negarlo. Dios nos premia por ser obedientes pero lo que verdaderamente nos acerca al Señor es la disposición de amarlo, Dios no buscó en Israel un pueblo obediente, Él anheló siempre un pueblo que le correspondiera el profundo amor que tenía por ellos.

Básicamente el gran mandamiento nos motiva a hacer con Dios lo que Él hace con nosotros, AMARLO de una manera integral, con todo el corazón, con los pensamientos, con lo que somos y con todo lo que valemos.


Veamos lo que nos dice la Biblia en Deuteronomio 6:6-9. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;  y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos;  y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.”

El mandamiento es claro, nos habla de guardar nosotros primero estas palabras (amar a Dios), luego enseñarlas a otros (enseñar a que otros amen al Señor), es un desafío maravilloso. Todos sabemos que cuando hacemos las cosas por amor sobran las motivaciones, pues eso es lo que tenemos que hacer AMAR a Dios y enseñar a que otros correspondan al eterno amor del Padre.

Nosotros podemos obedecer sin amar y eso no está bien, Dios no quiere “hijos” que le obedezcan por momentos pero no lo amen. Pero si amamos ¿será difícil obedecer? claro que no, porque el amor es sin condición. Cuando amamos, lo hacemos sin reservas y es allí dónde obedecer no se vuelve una carga.

Así que está bien que obedezcamos, vendrán muchas bendiciones de parte de Dios, pero no es la meta final. nuestro fin y propósito es amar a Dios, cuando logremos amarlo con todo lo que somos, la obediencia será parte de este romance, es tiempo de hacer realidad en nuestra vida el gran mandamiento.

escrito originalmente el 12 de julio de 2011.

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